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Una de las cuestiones que, bajo mi perspectiva, muestra la madurez democrática de una nación, es la capacidad de sus dirigentes de ser estadistas, es decir, de pensar en el largo plazo, por un lado, y la estabilidad en la educación y formación, uno de los ejes estratégicos de cualquier país, por otro.
Desde que entramos en la democracia esta es la 7ª ley de educación no universitaria que afrontamos en 30 años (Fuente: La información).
Por lo que he leído, su puesta en marcha será viable a partir del 2015, año electoral (si no se adelantan las elecciones) y, por lo tanto, si hay cambio de gobierno, que si las cosas siguen como hasta ahora, lo habrá, tendrá bastantes probabilidades de que veamos una 8ª ley de educación, antes de que esta se haya puesto en marcha.
¿Qué hubiera hecho un estadista, es decir, un dirigente democráticamente maduro, cuyo objetivo fuera legislar para el largo plazo? ¿poner en marcha una legislación con las máximas posibilidades de permanecer más allá de su mandato? ¿considerarlo una cuestión de estado y tener en cuenta la mayor diversidad de perspectivas posibles?