La magia de “hablar con los dioses”

Sabéis lo que me gustan las películas de animación, quizás porque me llevan a relaciones que no me pasa con las películas “normales”, seguramente por estar tan cerca de lo que diariamente vivimos.

Algunas de las películas que he visto (y “revisto”) últimamente han sido Epic y Hermano Oso (I y II). Quizás otro día os hable de Epic, hoy me voy a centrar en las segundas.

Hermano_Oso

Cambiemos “oso” y “humano” por dos perspectivas diferentes de ver la realidad. Dos perspectivas que hablan diferentes idiomas lingüísticos o semánticos, por ejemplo, “élites” y “pueblo llano” o culturas diferentes o experiencias diferentes … ambas con temor ante la otra porque son/somos incapaces de vernos como seres con las mismas necesidades y motivaciones básicas (supervivencia, seguridad …) y no tan básicas (cariño, raíces, pertenencia, perdurabilidad …).

Viendo esta película, me llevó a recordar una experiencia por la que tuve el privilegio de pasar hace años, que me hizo observar de forma diferente la realidad …

Fui invitada a disfrutar de una “reunión-premio” por Gil Ostrander, mentor y amigo, en un catamarán por los callos de Florida. Fuimos invitados todos los responsables de BEI en Europa y Medio Oriente para preparar la estrategia del siguiente año.

Os podéis imaginar que entre “reunión” y “reunión” disfrutamos de la posibilidad de, entre otras cuestiones, bucear (con tubo) … delfines, tortugas, langostas … nos acompañaron en esas excursiones acuáticas ….

En una de esas incursiones, me habría alejado unos 200m del catamarán cuando vi lo que me pareció un tiburón. Curioso lo que pasa por nuestros pensamientos en circunstancias como esa y, supongo, que en cuestión de nanosegundos …

Mercedes catamarán, tiburón Mercedes, claramente gana tiburón

¿Será hoy el día? … sentir no siento mucho, diría que como cualquier otro … mmm … ¿qué se supone se ha de hacer en un caso así? ¿será peligroso? …. ¿qué hago?  … observar? … allá vamos …

… y así hice, respiré hondo y me quedé observando cómo se acercaba el hermoso escualo, mirarlo cuando por unos instantes infinitos nos quedamos frente a frente, hasta que continuó su camino y yo me volví admirando su elegante deslizar …

tiburon-sonriente

Por la noche de charla con un pescador, éste me dijo que había hecho lo que debía. Los tiburones atacan si están hambrientos o se sienten amenzados. Confunden el movimiento del hombre con el de las focas (que, según parece, son su alimento favorito). Además son muy miopes, por lo que si una persona se queda quieta, la puede confundir con un madero y pasar de largo y siguió, en caso de que te suceda otra vez y por si acaso te atacara, estira los dedos índice y anular y ataca uno de sus ojos, eso hará que ¿huyan? …

… Recuerdo que me quedé rememorando aquellos instantes … mirando a los ojos al tiburón cuando este se había acercado ¿miope? y nos habíamos quedado observándonos el uno frente al otro durante ¿eones … segundos? … ¿unidos por miopía y curiosidad?

Y hoy me pregunto ¿a cuántos “osos” o “tiburones” atacamos impelidos por nuestros propios temores y prejuicios? ¿qué pasaría si “olvidáramos” temores y prejuicios y nos miráramos con una visión de curiosidad?

Hermano_Oso_2

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Fuente imágenes:

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