Y yo me pregunto ….

Estaba leyendo el artículo “Ser homosexual bajo el vuelo de la gaviota” y no he podido por menos que preguntarme ¿y qué le importa al gobierno con quién nos casamos o nos dejamos de casar?

El estado está para gestionar y coordinar los recursos de todos, no para decidir la creencia de una persona o si una persona puede casarse con otra del mismo sexo o con varias (del mismo o diferentes) si les apetece. Las creencias y sentimientos son temas personales e intransferibles.

¿A qué se tiene que meter el gobierno a decidir con quién (o con cuántos) me puedo casar o dejar de casar siempre que sea algo consensuado?

Si el tema es la etimología “matrimonio”, entonces, como ya he comentado en alguna ocasión anterior ¿no deberíamos también cambiar la palabra “patrimonio” cuando quien lega es una mujer?

¿Qué van a hacer entonces con los pingüinos homosexuales de Faunia? ¿Los van a separar porque van “en contra” de lo que ellos piensan que es “natura”?

Los pingüinos homosexuales, insensibles a los encantos de las hembras suecas

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