La Contra: Si llego a saber lo que iba a pasar, no hubiese emigrado

Hoy leí este artículo en La Contra de La Vanguardia. Me emocioné. Espero que algún día terminemos con todo esto y cuando vayamos a otros países no sea desde la necesidad, sino desde la libertad.

Kalilu Jammeh, emigrante gambiano dedicado a combatir la emigración.

Victor M. Amela- 18/11/2009

Tengo 36 años. Nací en una aldea de Gambia y vivo en Sant Pere de Ribes. Estoy casado con una catalana. No tengo hijos. ¿Política? Democracia y desarrollo. Soy musulmán. Presido una ONG que educa a niños gambianos desamparados y promociona la agricultura.

¿Qué hacía usted en Gambia?
Era recepcionista en un hotel de Kiloli, ciudad costera con mucho movimiento.

¿Y por qué emigró?
Porque quería prosperar, mejorar, quería una vida mejor.

¿Dónde pensaba encontrarla?
En Europa. Lo primero era llegar a España.

¿Emigra mucha gente en su país?
Desde niño he tenido amigos sin padre: hombres que habían emigrado… y nada se había vuelto a saber de ellos.

¿Nada?
Nada. Daba igual: mi sueño era desembarcar en el paraíso. Europa era el paraíso soñado: para los africanos, Europa es Eldorado.

¿Qué les hace creer tal cosa?
La televisión y los turistas. La televisión vía satélite nos trae series e imágenes de Europa, atractivas. Y vemos llegar a europeos de vacaciones: personas despreocupadas con dinero para comer, beber, bailar, gozar, gastar… ¿Cómo no vamos a querer lo mismo?

Claro… ¿Y llegan muchos turistas?

A menudo son mujeres europeas con ganas de esbeltos jóvenes africanos…

¿Cómo preparó su asalto al paraíso?
Ahorré de mi trabajo y un amigo emigrado hacía años a Canadá me envió mil euros. Desde el 2002 lo intenté dos veces, y a la tercera llegué en patera a Lanzarote, en el 2004. Fueron 17.435 kilómetros a través de África durante dieciocho horribles meses.

¿Mereció la pena?
Si llego a saber lo que tuve que padecer en ese viaje ¡me habría quedado en casa!

Pero ahora está aquí… y no se vuelve.
He fundado una ONG para ayudar a niños desamparados y a jóvenes de mi país y para convencerles de que es preferible intentar prosperar allí que jugarse la vida para llegar a una Europa durísima y hostil. ¡Que mi sufrimiento sirva para evitárselo a ellos!

¿Qué sufrimientos fueron los peores?
¿Sabe lo que es, durante un año, asistir a dos funerales por semana?

¿Dos muertos por semana?
Compañeros de viaje iban muriendo por el camino y los íbamos enterrando. Ahí empecé a entender por qué no sabíamos nada en Gambia de tantos emigrados…

¿De qué mueren?
Sed, hambre, golpes de calor, ahogos y aplastamientos en autocares abarrotados a través del desierto, mordiscos de serpiente, síncopes, enfermedades, peleas a puñaladas en cajas de camiones, accidentes de tráfico, asaltos de bandidos… Se les entierra y fin.

No suele hablarse de esto…
Sólo un 5% de los que emigran llega a Europa. El resto se ahoga en el mar o se queda en el camino. Algunos, apalancados en lugares perdidos, sin ánimo de volver a su casa…

¿Prefieren no volver? ¿Por qué?
Sus familias se arruinan para darles el dinero necesario para el viaje, dinero con el que en casa podrían vivir durante un año… Por eso volver les avergüenza: después de tantísimo esfuerzo y sueños, volver supone un fracaso insoportable… ¡Antes, la muerte!

¿Cuánto dinero llevaba usted?
Algo más de mil euros en monedas locales, oculta en los talones de los zapatos para evitar hurtos, atracos, sobornos abusivos…

¿Qué sobornos?
A través de Senegal, Mali, Burkina Faso, Níger, Argelia, Marruecos… los policías te detienen, te piden pasaporte, visas, papeles, te inculpan por cualquier cosa, te detienen… Da igual: siempre acabas regateando con ellos. Pagué para salir de una celda, aunque no me libré de más de una paliza…

¿Cuál fue su medio de transporte?
Autocares, camiones, coches, trenes, mis pies… Y, al final, la patera construida por nosotros mismos en una playa de El Aaiún.

¿Qué fue lo peor?
Bandidos argelinos: asaltaron el camión en que viajábamos, nos desnudaron, nos quitaron el dinero… Una chica se tragó su dinero pero la vieron: la violaron delante de todos y luego la rajaron con un cuchillo, le abrieron el estómago para recuperar el dinero.

¡Qué espanto!
Durante toda una noche nos metieron en unas cuevas, nos golpearon, violaron a las chicas. De día, afuera, vimos alrededor un área cubierta de huesos humanos…

Buf.
Vi esqueletos y restos de cadáveres humanos durante todo el camino por Argelia y el Sáhara. ¡Esa parte de Áfricaes un cementerio de emigrantes subsaharianos!

Usted sobrevivió y siguió adelante…
En un centro de acogida trabajé un tiempo, gané algo de dinero, seguí luego camino con otros amigos, atravesando el desierto… Fueron muriendo deshidratados y me quedé con su dinero: ese era nuestro pacto…

No sé cómo soportó tanto dolor…
Me juré que si acababa el viaje contaría todo esto en un libro, para que todos lo supieran ¡y sobre todo en mi país lo supieran!

Y así lo ha hecho.
Ese propósito me dio fuerzas. Eso, y que algunas personas buenas en el camino me ayudaron cuando ya me veía muerto…

Cíteme a alguna de esas personas.
Los guardias civiles de Lanzarote: después de más de un año de sentirme tratado como un animal ¡me trataron por primera vez como a una persona!

¿Y cómo se siente usted ahora?
Hoy sé que el paraíso no está aquí, que hay que construirlo allí. Si estoy vivo es porque Alá quiere que ayude al progreso de mi país para que otros no pasen mi mismo infierno.

Fuente: La Contra de La Vanguardia

Rosa rojaBeso

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